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Kelugares: El inesperado error que cometió Colombia con el café

¿Por qué Colombia cultiva el mejor café del mundo si durante décadas ha consumido el peor?

A Media Luz

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Después de que en 2016 el Tratado de Paz con las FARC llevase a Colombia la seguridad que el turismo necesitaba, la Covid-19 ha detenido cualquier avance turístico a nivel internacional. Sin embargo, existe un patrimonio cultural colombiano exportable, que avanza sobre el pulso de la pandemia y afamado a nivel mundial, en especial por países como Italia o España, donde el expresso se relaciona más con un momento de placer y de pausa, que con ningún elemento ferroviario. 

El café arábica colombiano es el primer aroma con el que amanecemos cada día y el último con el que despedimos un restaurante.

Un viaje al Eje Cafetero colombiano demolerá todo tipo de ideas falsas sobre el café colombiano. Cada taza exprime parte del legado social del país de Gabriel García Márquez, donde medio millón de familias minifundistas se dedican al cultivo del café.

Quedarse lo malo y exportar lo bueno

¿Quién podría imaginar que en Colombia se ha consumido tradicionalmente café de baja calidad? Esta cuestión ya forma parte del pasado, pero su origen reside en la regulación de la exportación de café en los años 70. Se ideó con tal exigencia, que provocó que toneladas y toneladas de café de dudosa calidad se quedara dentro de las fronteras de Colombia. Así que el ciudadano colombiano de cierta edad ha consumido, durante toda su vida, un café que se aleja del concepto delicatessen que conocemos en Europa. 

Hoy en día, en Colombia existe un gran abanico de marcas y de cafés sublimes, como Café San Alberto, donde su director Juan Pablo Villota, inspirado en la cultura vitivinícola española, trata su producto como un elemento de lujo. 

Cuidado si pide un tinto

La forma de tomar, pedir y nombrar cada tipo de café simboliza múltiples aspectos de la vida colombiana. Para empezar, habría que olvidarse de las pequeñas tazas de expresso y pensar en largas tazas de café que, en caso de ser café ‘solo’, llamaríamos ‘tinto’. Si lo deseamos con leche, deberíamos pedir un ‘perico’ o un ‘pintado’. Y siempre, servido en gran formato, ya que defienden que su cultura sociable y comunicativa necesita una gran taza que mida los largos tiempos de pausa ‘para platicar’ con el acompañante en la velada.


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