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La despedida de Dieter Brandau a su amigo David Gistau

Dieter Brandau se despide del periodista, escritor y amigo tras su reciente fallecimiento. 

El audio empezará a sonar cuando acabe el anuncio

Ayer por la noche, Mario Noya, jefe de opinión de Libertad Digital, me pidió que escribiera el obituario de David Gistau, que acababa de fallecer después de dos meses luchando contra la muerte. Pero es que resulta que yo me hice amigo de Gistau para que fuera el mejor periodista de mi generación el que escribiera mi obituario y no al revés.

Sé que un artículo mío no iba a estar a la altura de lo que él habría hecho en caso contrario. Así que he quedado con mi querido Mario Noya en que lo mejor que le podía hacer yo a David es dedicarle la apertura del programa de este triste 10 de febrero del año 20.

Mario me ha sugerido que cuente alguna anécdota de las vividas con Gistau para que la gente sepa cómo era este tipo excepcional que se nos ha ido. Y hoy, pensando en él, lo único que se me ocurre decirles a ustedes es que lo que realmente le gustaba a David Gistau, por encima de escribir y el resto de sus múltiples aficiones, era formar pandillas.

No sé si es que le marcó como a tantos ochenteros la película de Los Goonies o si era por el recuerdo de un padre ausente que se murió antes de tiempo, pero a este chico le encantaba estar siempre en pandilla, rodeado de buenos amigos, independientemente de su origen o condición.

Nosotros nos hicimos amigos en una manifestación a favor de las víctimas del terrorismo. Por aquel entonces yo era un veinteañero y él todavía no había cumplido los treinta. Conectamos enseguida porque mi admiración por su talento ya era una realidad y en persona, sin duda, David mejoraba mucho más. Supongo que yo le caí en gracia porque compartíamos muchos gustos y aficiones. El Madrid, Corto Maltés, Juan Marsé, Tintín, ACDC o los libros del oeste de Zane Grey...

Cómo no, enseguida quiso que formáramos una pandilla con otra periodista de nuestra quinta llamada Cayetana Álvarez de Toledo. Era una amiga que los dos teníamos en común y David siempre insistía en que teníamos que ir a cenar los tres juntos.

David era un tipo leal y si alguien se metía con un miembro de alguna de sus múltiples pandillas salía siempre a dar la cara. Por ejemplo, decía que si algunos progres nos atizaban a Cayetana, a él o a mí era porque les daba rabia el no poder meternos en el mismo saco de la derecha casposa porque a nosotros nos gustaban los Simpsons, Los Rolling y Tarantino y no la película Raza.

Fuimos cumpliendo años y eso nos llevó a compartir nuevas experiencias como la de ser padres. En esto tampoco pude seguirle el ritmo porque yo me planté en dos y él no paró hasta tener cuatro hijos. Y está claro que ésta es la pandilla de la que más orgulloso estaba. Nadie ha definido mejor la paternidad en una sola frase que como lo hizo David en uno de sus artículos más brillantes: “Un hijo es decir no y quedarte, cuando antes decías sí y te ibas”.

No sé en qué momento Gistau se enteró de que había una pandilla que se hacían llamar Los Cowboys de medianoche. Que tomaban dry martinis mientras hablaban de cine, fútbol, literatura, música y de boxeo… Eran de una generación mayor a la suya, pero David nunca miraba a sus amigos ni el DNI, ni el carné político ni siquiera el abono del fútbol. Desde entonces formó una entrañable pandilla con Herrerone, Garci y el resto de la compaña.

Si algo era Gistau es transversal no sólo a la hora de hacer amistades sino también cuando escribía libros y artículos.

Él era un hombre honesto, libre e independiente. Y por eso sé que le hizo mucha ilusión conocer a Loquillo y hacerse amigo de otro de sus (nuestros) referentes musicales.

Precisamente, en la presentación que hizo con su amigo Manuel Jabois de la gira de aniversario de Loquillo, David Gistau le contó a la gente algo que yo sabía desde hace tiempo, que a él no le gustaba la vida solitaria porque él siempre soñaba con la vida de pandillas…

El programa de hoy no se lo voy a dedicar a David Gistau. Él debe estar ahora mismo muy ocupado eligiendo para su nueva pandilla entre todas las personas que admiraba y que le esperaban ahí arriba, empezando por su añorado padre. Se lo voy a dedicar a todas esas pandillas que sienten que se les ha ido una pieza insustituible. A la pandilla que formaba con su mujer y sus hijos, a la pandilla de sus múltiples amigos, a su pandilla de El Mundo y la COPE, a la pandilla que deja aquí en esRadio.

Quizá lo mejor que podríamos hacer todos en un día triste como éste es buscar cada uno su propio Balmoral, el bar donde le enseñaron a David todos los modos posibles de anudarse la corbata. Y tomarnos una copa a su salud.