Y apareciste...
Y mi vida cambió revolucionaste todo y tú sin ni siquiera advertirlo. De repente mi corazón estalló, me quemó, ardió, se fue contigo mientras caminabas presurosa después de aquel primer día. Te vi radiante ¡Viva!
Después de aquel día llegaron otros en los que parecía que volvía a la vida por tu sola presencia, por tu mirada, una mirada en la que podría perderme para siempre en la que desearía perderme.
Y pasan los días y seguirán pasando hasta que pronto, muy pronto, quizás demasiado. Igual que apareciste, seguirás tu camino, te alejarás, no podré siquiera mirarte, hablarte, sonreírte...
Y apareciste...
Y mi vida ya nunca será la misma y nunca podré agradecer lo suficiente haberme cruzado en tu camino, haber compartido pequeños instantes contigo.
Isaac Fernández Rodríguez
