Ansío los furtivos encuentros que el tiempo nos regala alguna vez; cuando tus labios se beben mi sonrisa, y en tus ojos se refleja mi mirada. Cuando mi piel respira por tu piel, y las caricias dibujan ternura. Los pequeños momentos en los que acurrucada en tus brazos, siento el latido de la vida. Esa vida que solo existe en nuestros minutos, porque lejos de ti no hay tiempo.
Y sin embargo, estamos obligados a otros lazos, y debemos fingir estando ausentes. Y disimular la mueca traicionera que brota del dolor culpable. Ese dolor que solo se mitiga con el profundo amor que respira por los pliegues de nuestros sentimientos.
Como tantas noches... cierro los ojos, y en mi silencio escucho tus "te quiero" "te quiero" "te quiero"... insistentes, en las llamadas a escondidas. Y sueño tu presencia, para al final tragar en silencio mis lágrimas, porque no es tu olor el que duerme a mi lado.
Y me despierta un beso de papel firmado y una sonrisa de cumplido afecto. Y me duele pensar que de igual manera, en otra parte tu beso empapelado empieza el día.
Únicamente, mi consuelo es la esperanza de volver a rozar tu mano, cuando en un jugueteo tonto te ofrezca una bebida, después de preguntar: "¿qué tomáis? Amigos..."
Isabel Sancho González
