No sabía muy bien por qué empezó a desarrollar esa manía; breves poemas de 3 líneas con una estructura fija, una frase de 5 sílabas, luego una de 7 y para concluir otra de 5. A lo mejor empezó con los haikus como reacción porque apenas conseguía un pobre aprobado en español.
La cosa, sin embargo, fue un poco más allá. Tenía la cabeza constantemente ocupada en buscar palabras que respetaran la férrea regla del 5-7-5. Martín empezó sin darse cuenta a dejar que su vida entera se rigiera por este ritmo. Al andar, por ejemplo, sus piernas daban 5 pasos largos, 7 cortos y otros 5 largos; o cuando fumaba, daba 5 caladas rápidas, 7 despacio y otras 5 rápidas.
Cuando conoció a Teresa le pareció una chica interesante, mona, simpática, elegante... ella había tenido ligues claro. Pensó que con Teresa iba a ser lo mismo. Pero cuando ella le dijo su nombre completo todo cambió: se llamaba Teresa García-Albadalejo. Martín se quedó petrificado. Tan fuerte era su hábito de pensar en haikus que enseguida compuso el nombre completo de un hijo suyo y de Teresa. "Fran-ci-sco Je-sús (5) Gar-cía-Al-ba-da-le-jo (7) Gaz-te-lu-men-di (5)". O, quizás, de una niña: "Car-men Ma-ri-na (5) Gar-cía-Al-ba-da-le-jo (7) Gaz-te-lu-men-di (5)". Perfecto. Ahora que los hijos podían cambiar el orden de los apellidos iba a ser el nombre perfecto.
Decidió casarse con Teresa. Para que ella se enamorara de él hizo lo normal: dedicarle unos cuantos haikus:
Enamorado
Miro tus grandes ojos
Hasta perderme
Tú siempre llena
De buenos pensamientos:
No te merezco
Tu toque leve
Sobre mi cuerpo basto
Una contradicción
Teresa se enamoró de él también y a las pocas semanas ya estaban con los preparativos para la boda. Pero un día se encontró con su antiguo profesor de español. "¡Profesor Hernández! Qué gusto volver a verle... Cuéntame, ¿Qué tal te van las cosas?" Le contó al profesor su vida y su pasión por los haikus. Como curiosidad le contó la increíble coincidencia de haber encontrado a esa mujer estupenda con un apellido de 7 sílabas. "Por supuesto, no me voy a casar con ella porque tenga ese apellido, ¡faltaría más!"
"Bueno," dijo el profesor "espero que no sea así, porque por haber sido mal estudiante, nunca aprendiste lo de los hiatos. Si la vocal cerrada está acentuada, como es el caso de Gar-cí-a no hay diptongo, hay hiato y García-Albadalejo está compuesto en realidad por 8 sílabas".
A Martín se le congeló la sonrisa. Murmuró algunas escusas y se marchó rápidamente. "Qué tonterías" pensó "A mí Teresa me gusta como es, no por tener 7 u 8 ó 24 sílabas".
Al día siguiente llamó a Teresa para decirle que lo sentía mucho, pero todavía no estaba listo para dar un paso tan importante, que necesitaba pensarlo mejor, lo siento cariño. Adiós.
Unas semanas después, mientras andaba por la plaza mayor a su paso de 5-7-5 vio a otra chica muy mona; se le acercó, educadamente le preguntó su nombre.
"Me llamo Ana Hernández-Casagrande" dijo ella con una sonrisa. Martín calculó rápidamente y preguntó: "¿No hay hiatos en tu apellido, verdad?".
"Hombre, no... no creo... ¿Por qué?" contestó la chica sorprendida por la pregunta. "Porque te quiero muchísimo" dijo Martín.
