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El Mambrú del Sur

El problema de esa discordancia de don Abel, no es solo el discurso, son los hechos. Y de las “conspiraciones”, únicamente él las ve.

No es la primera vez que afirmo -permítanme tal aserción- que si un psiquiatra decidiera aplicar su ciencia a los problemas políticos de Vigo, hablaría del ‘síndrome Caballero’ para explicar el desvarío de don Abel. Porque, como es sabido, Caballero achaca todos los "males" que él ve en la ciudad a "conspiraciones" del resto de Galicia. Las inversiones en infraestructuras se van a Coruña o Santiago -nunca cita otras urbes-, dice con ahínco y vehemencia chapucera el alcalde socialista para alborotar su minúsculo mapa político y encontrar de este modo sesgado razones de apoyo popular para su futuro político. Esperemos, por el bien de los vigueses, no más allá de 2019.

Es realmente difícil, por no decir imposible, darle credibilidad a quien pretende controlar los medios y acallar a aquellos que no escriben o hablan al dictado. Claro que es sabido que Caballero no tiene un gran talento para persuadir a las masas. Aunque por el mal hacer de otros, esas masas lo hayan aupado a donde está.

De igual manera que "menosprecia" a los profesionales de la información, acusa a dirigentes de todos los partidos y al propio presidente del Gobierno gallego de estar relacionados con la "conspiración". Con estas estrambóticas manías persecutorias, el alcalde vigués busca ocultar los estrépitos y resplandores de un problema que se le fue de las manos con los casos pocos éticos dentro de su propio equipo, creados por su torpeza y sus extravagancias histriónicas. Alguno sigue por sede judicial.

Caballero plantea situaciones pintorescas. ¿Se acuerdan del famoso barco de Coia, para una ciudad que tiene que volver a ser el motor industrial de Galicia o del regreso de los dinosaurios, en forma de setos? Además de estas extravagancias, dignas de un exhaustivo examen de diván, Caballero se saca de la manga su gran Área Metropolitana. La ley para él era lo de menos. Hasta que Feijóo le dijo que lo atenderían en el TSXG.

El problema de esa discordancia de don Abel, no es solo el discurso, son los hechos. Por eso, Caballero quiere ser y también que lo recuerden como el Mambrú del Sur, en guerra permanente. Pero se dieron casos en los que la idiocia ha licenciado hasta al más aguerrido soldado.

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