Los nuevos gobiernos municipales han disfrazado los errores del pasado con unos pactos contra natura que ahora demuestran que la ingobernabilidad empieza a asomar en algunos concellos.
En poco más de un mes, muchos ayuntamientos presentan una imagen políticamente ineficaz y sin respeto por las formas más elementales de gestionar la administración. Por eso no es creíble que los pactos no buscasen otra cosa más que el poder.
El escenario de desgobierno en varios municipios gallegos es patético. La situación económica de los ayuntamientos es un asunto muy serio que debe ser abordado con rigor y seriedad, incluso con una política de restricción que evite nuevos desmanes financieros. Pero la respuesta no puede ser una chapuza de aficionados como la de alterar la gestión por el interés partidista.
Es cierto que uno de los pilares que sostienen la democracia radica en la capacidad de diálogo gracias a la cual todos los sujetos en liza ceden en nombre del bien general, pero cuando las alianzas alcanzadas son contra natura, como en las principales ciudades gallegas donde el partido ganador fue apartado, los posibles efectos derivados contravienen el espíritu mismo de la convivencia social. Mucho más si existen intereses oscuros que pretenden maniobrar para desvirtuar la voluntad de los ciudadanos.
Y esto es lo que ha ocurrido, y una gran parte de los municipios gallegos van camino de la quiebra moral, ética y política. O lo que es lo mismo, del desgobierno.
