Los dos datos que configuran una tendencia económica, los del desempleo y la actividad industrial, parecen invitar a un cierto optimismo respecto al final de la crisis que azota a la economía y la sociedad gallega desde 2007. Que el desempleo haya caído en Galicia y que es la tercera Comunidad en que más baja el paro; así como el notorio aumento de afiliaciones a la Seguridad Social, hasta superar los 923.000 trabajadores, es un buen dato. No concluye la larga travesía de la crisis, especialmente en cuanto a su afección al tejido social, pero sí apunta la inversión de la tendencia.
Porque si a ello se añade que la actividad industrial ha caído casi cinco puntos -después de experimentar una subida de más de tres-, y que dicho descanso ha afectado a todos los sectores, se podría afirmar asimismo que las expectativas de reforzar el crecimiento económico aún son una incertidumbre.
Entre otros motivos porque, aunque la crisis no podrá darse por superada definitivamente hasta que el mercado laboral presente tasas de desempleo inferiores al 10%, es indiscutible que una evidente mejoría en los datos del paro debe preceder a su traducción a la realidad social.
Ahora bien, que esos datos hayan comenzado a dibujar curvas que no se conocían desde hace años no permite excesivos optimismos. No en vano, el número de desempleados en la Comunidad gallega aún supera las 252.000 personas, con una reducción de 5.216 respecto a febrero, ritmo que prolongaría los problemas de un desempleo por encima del 10% hasta la próxima década.
Los datos de marzo, aunque buenos, pueden interpretarse, pero la realidad dicta aun como necesaria prudencia.
