Como era previsible, en las últimas semanas se han multiplicado las inauguraciones por parte de los responsables públicos y, casi al mismo ritmo, han crecido las críticas de la oposición por ese afán inaugurador, que apuraron hasta el último día que permitía la ley electoral. Aunque son muchos los proyectos pendientes a los que les faltan detalles para que puedan entrar en servicio en los próximos meses -o años-, sí pueden resultar suficientemente impactantes para ayudar a decantar un voto dudoso.
El caso es que la proximidad de las elecciones de mayo y la posibilidad de rentabilizarlas políticamente disparan la licitación de la obra pública. Se trata sobre todo de obra pública licitada por el Gobierno central, que fundamentalmente corresponde a proyectos de los ministerios tradicionalmente más inversores en infraestructuras.
En ese afán hipócrita de promesa y mentira nos dicen que la Comunidad gallega es la más beneficiada por esa fiebre inversora, y verá por esa vía avances muy importantes en la extensión de grandes planes y de proyectos para el desarrollo de las grandes infraestructuras, sobre todo en materia de comunicaciones.
Tras años de estricta contención inversora, no deja de ser paradójico que en un año electoral el locuaz ministro Montoro abra por fin la mano al gasto público. De ahí la traca final.
El viaje "inaugural" del trayecto de la alta velocidad ferroviaria del Eje Atlántico entre Coruña y Vigo, un anhelo para la ciudadanía, se ha visto de esa manera cumplido en el último día que la ley electoral permitía este tipo de paseos. Y con ello también se ha visto el dispendio de dinero público en un viaje de placer para unos políticos que piden austeridad y transparencia. Es lo de siempre, vivimos una continúa frustración con esta clase política, por mucho que algunos se empeñen en decir que Galicia ya está vertebrada.
