El pleno del Parlamento aprobó los presupuestos de la Xunta para 2015. El proyecto salió adelante solo con los votos del PP, que no incorporó ni una sola de las 1.269 enmiendas que defendió la oposición. Algo normal, porque es lo que muestra el gráfico que recoge aritmética en las bancadas de la Cámara gallega. Por eso no nos choca.
Lo que nos gustaría ver es otro gráfico: el de un pacto social como aquel de 2010, a cuyos 15 acuerdos se destinaron 1.000 millones de euros hasta 2013 y que preveía movilizar otros 400 millones en inversiones. Algo, por cierto, que ni ayer ni desde hace tiempo se recordó en O Hórreo.
Los ciudadanos han soportado una crisis tremendamente dura que ha mermado sus posibilidades económicas y los servicios que reciben. Ha sido un lustro de constante retroceso en todos los frentes que reclama un giro en las políticas.
Si el cambio de tendencia, como aseguran los expertos, la propia conselleira de Facenda y los estudios de manera unánime, ya ha comenzado, también deben plantearse unas políticas más expansivas que faciliten a la sociedad y a la economía el camino para poder recuperar el pulso y remontar el vuelo.
Aprobadas las cuentas para el próximo ejercicio, el Ejecutivo gallego debe hacer un examen de conciencia y buscar un acuerdo con los agentes sociales para concretar las líneas de gasto de un plan de estímulo, con el fin de que llegue allí donde los efectos de la crisis se han notado más.
Unas políticas activas de empleo para mayores de 45 años, jóvenes y mujeres, y también para complementar las ayudas a quienes peor lo están pasando y para buscar su formación con el objetivo de reabrirles el mundo del trabajo.
Gobernar es tomar decisiones y no intentar contentar a todo el mundo con pequeñas concesiones o clichés propagandísticos. Y un pacto social en esa dirección mostraría que se está abriendo un nuevo tiempo.
