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Año Beethoven en 'Música y Letra': Los conciertos para piano y orquesta

Aunque Beethoven encontró su verdadera personalidad antes en el piano que en la orquesta, sus conciertos le sirvieron de laboratorio sinfónico. 

Música y Letra

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Después de haber desgranado las nueve portentosas sinfonías del maestro alemán, Andrés Amorós ha dedicado su quinto programa homenaje a Beethoven a sus cinco conciertos para piano y orquesta. “Él encontró su verdadera personalidad en el piano antes que en la orquesta”, ha explicado el crítico. De hecho, comenzó a darse a conocer precisamente debido a sus sobradas dotes de improvisador, con las que llegó a destacar tanto que ahora es reconocido como “uno de los más grandes improvisadores que ha habido nunca”.

La primera pieza que ha sonado ha sido el tiempo primero del primer concierto para piano y orquesta que presentó al público. En él ya puede verse “una asimilación plena de la herencia de Mozart y Haydn”, aunque con esos cambios abruptos que tanto marcarían después la personalidad de Beethoven. La versión escogida por Amorós ha corrido a cargo del gran pianista Friedrich Gulda

Del segundo concierto, “compuesto realmente antes que el primero”, se ha podido escuchar el tiempo segundo. Fue estrenado en Viena en 1795, cuando Beethoven tenía 25 años, “pero en él ya sorprende por su madurez interpretativa, pese a su juventud”. El propio Beethoven reconoció tiempo después que esa pieza no le gustaba demasiado. Pese a todo, Amorós ha destacado su “virtuosismo refinado, de carácter distinguido y suave, al estilo de Mozart, si eso ayuda a que nos entendamos”. La versión escogida ha sido la interpretada por el maestro Krystian Zimerman.

“El tercer concierto para piano y orquesta de Beethoven es uno de los que más habitualmente se interpretan ahora en las salas de conciertos”, ha proseguido el crítico. Un dato curioso es que en su estreno la obra estaba inacabada, “poblada por papeles en blanco y garabatos". "Beethoven lo tocó casi todo de memoria” debido a que casi no había tenido tiempo de terminarla. Se ha dicho que es de “una energía y dulzura impresionantes, con un todo parecido, tal vez, al de la tercera sinfonía”. La versión que ha sonado ha sido la interpretada por el pianista Vladímir Ashkenazi, junto a la orquesta de Chicago. 

Del cuarto concierto ha sonado su tiempo final. Se trata del conocido concierto en sol mayor que Beethoven compuso en 1806. “Tiene un carácter muy poético”, ha explicado Amorós. “De un lirismo muy conmovedor y refinado”. Por lo general, se suele destacar que se trata de una pieza en la que “encuentran un perfecto equilibrio el virtuosismo y la elegancia expresiva”. También se ha dicho que es el primer concierto en el que comienza el piano antes que la orquesta. Para Amorós, se trata de una “obra grande”, que aunque mantiene el esquema tradicional, “por sus dimensiones temporales y sonoras nos muestra a un Beethoven mucho más maduro". La versión escogida ha sido la interpretada por el pianista Emil Guilels junto a la Orquesta de Cleveland. 

Para finalizar, el crítico se ha despedido con el último de los conciertos para piano y orquesta del maestro alemán: el quinto, también llamado 'El emperador'. "Es una de las obras maestras de Beethoven, a la altura de su tercera, quinta y novena sinfonías”. Fue compuesto en 1809, el mismo año que la Sonata de los adioses, y algo después que su quinta y sexta sinfonías. “Tiene un carácter vigoroso, verdaderamente heróico”. La versión que ha sonado ha sido la interpretada por el pianista Alexis Weissenberg junto a una Orquesta Filarmónica de Berlín dirigida por Karajan.