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Un suicidio a cámara lenta: las consecuencias económicas de la baja natalidad

Richart y Soriano invitan a Alejandro Macarrón a hablar de natalidad, demografía, consumo o productividad. Y también, aunque poco, de pensiones.

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Nunca en la historia hemos asistido a un cambio social de esta magnitud y que se haya producido en un período tan corto de tiempo. Desde los años 70, hemos visto como el número de hijos por mujer en España ha pasado de 2,88 al 1,31 que tenemos en la actualidad. Y no sólo en nuestro país. En casi todos los estados occidentales ocurre algo parecido (y también en Asia).

En buena parte, todo esto ha sido una consecuencia inesperada del cambio tecnológico y de los cambios sociales que este desarrollo ha traído aparejados. El problema es que quizás no estamos pensando del todo en las consecuencias: ¿Cómo vamos a salir de ésta? ¿Puede desarrollarse de forma sana una sociedad en la que hay más mayores de 65 años que menores de 25? Todas estas preguntas, algo incómodas y que no siempre queremos afrontar, en el quinto episodio de Economía para quedarte sin amigos, el podcast de Economía de Libertad Digital, con Nuria Richart y Domingo Soriano.

Esta semana, para hablar de estos temas, hemos invitado a uno de los mayores expertos de España en la materia: Alejandro Macarrón, ingeniero y consultor empresarial, director de la Fundación Renacimiento Demográfico y autor del libro "Suicidio demográfico en Occidente y medio mundo".

Algunos datos:

  • En 2018, han muerto en España 133.660 españoles autóctonos más que nacimientos ha habido. Si contamos inmigrantes, hablamos de un saldo vegetativo negativo de 56.262 personas
  • El problema no es sólo de nuestro país. En la UE, el balance es similar: si contamos sólo nacimientos-muertes de europeos de origen, el saldo es negativo en más de 800.000 muertes que nacimientos. Si contamos también a los inmigrantes, el saldo es negativo pero se reduce a algo menos de 300.000 nacimientos menos que muertes.
  • Con estos datos, podemos decir que han sido los peores años de la historia en términos demográficos, salvo que contemos años de guerras, epidemias o desastres naturales. De hecho, en algunas cifras estamos incluso peor que en años de conflicto armado.
  • En 1910, un 36% de la población española (es decir, más de un tercio de los habitantes) tenía menos de 16 años. Ahora mismo, hablamos de un 16% (uno de cada seis habitantes) y para mitad de siglo, si mantenemos la actual tendencia será uno de cada diez habitantes.
  • Los jóvenes (hablando en sentido amplio, de 16 a 40 años) apenas supondrán el 20% de la población a mediados de siglo. Vamos a ser un país de viejunos… y nos tenemos que ir acostumbrando.

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