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De aquí para allá: Peñaranda de Duero

Encarna Jiménez y Víctor de la Serna nos descubren los encantos de este pueblo burgalés, su historia y su gastronomía.

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Situada al sureste de la provincia de Burgos, es un ejemplo de mantenimiento de su gran patrimonio monumental a pesar de su escasa población (500 hab.) El origen de la población de esta zona se remonta al pueblo arévaco; posteriormente hubo una importante romanización, debida a la influencia de la colonia Clunia.

Desde la Edad Media, Peñaranda tiene un papel importante de tipo defensivo y, después, como cabeza de marquesado. La despoblación en los últimos 50 años ha sido compensada con el impulso de rehabilitación de instituciones y vecinos.

Visita

El Castillo, que posee ciertas similitudes con el de Peñafiel, tiene su origen en la defensa de la zona cristiana en los siglos IX y X, cuando se creó un espacio que separaba los reinos cristianos de Al-Andalus en la ribera del Duero. Su actual configuración se debe a las reformas del S. XV y XVI, época de los Zúñiga-Avellaneda. En la torre del homenaje hay un Centro de interpretación que nos habla de la arquitectura y de los usos defensivos y residenciales. Estaba unido a las murallas y puertas de las que se conserva el Arco de las Monjas.

Excolegiata de Santa Ana .Está situada en la Plaza de la Villa; se levantó en el S.XVI y tiene un aspecto recio, con proyecto de Gil de Hontañón. Su altura y las bóvedas estrelladas le otorgan importancia arquitectónica. Palacio de los Condes de Miranda o de Avellaneda es un gran edificio de aspecto sobrio en el exterior, salvo en la fachada plateresca, pero de gran riqueza interior en torno a un noble patio de doble galería, escalera imperio y salón de baile y reuniones con galería para músicos. Destacan las techumbres con artesonado mudéjar.

Palacio de los Condes de Miranda o de Avellaneda. Es un gran edificio de aspecto sobrio en el exterior, salvo en la fachada plateresca, pero de gran riqueza interior en torno a un noble patio de doble galería, escalera imperio y salón de baile y reuniones con galería para músicos. Destacan las techumbres con artesonado mudéjar.

También son de interés el Rollo jurisdiccional plateresco, la Botica del S. XVIII hasta hoy, el Convento del Carmen, el Museo de Trajes militares, la arquitectura popular de madera y adobe y las bodegas del subsuelo.

Si tenemos tiempo, es muy interesante ver las ruinas de Clunia, con su teatro, termas, mosaicos etc. Tan solo a unos minutos en automóvil.

¿Dónde comer?

El Refugio de Don Miguel. Probablemente la mejor opción culinaria en Peñaranda, con mucho mimo en la cocina (y 12 habitaciones) y unos precios prudentes: hay un menú con caldereta de cordero a 15,50 euros, por ejemplo. El cordero asado es de primera división, pero no termina ahí la oferta, como a menudo sucede en Castilla. Apunten otros platos del cocinero Luis Mateos: arroz de verduras, carrilladas de ternera, garbanzos con callos, bacalao al horno con ajitos...

La Posada Ducal. Un hotel-restaurante que ocupa una casa señorial y destaca por su emplazamiento. En la primera planta, comedor castellano en el que destaca el menú degustación en las cenas: revuelto de setas de temporada, pescado del día, pimientos asados caseros con anchoas, tomates de la huerta con ventresca de bonito, embutidos castellanos, postres caseros, agua y vino de la Ribera.

La Casona de La Vid (en La Vid, a 6 kms.). Es el restaurante de una buena bodega, El Lagar de Isilla, así que disfruten de sus vinos junto al horno de leña, que está a la vista, en uno de los varios espacios de estilo rústico-castellano. La cocina es la previsible, y es casi obligatorio, para una inmensa mayoría de los clientes, pedir el plato estrella: el lechazo asado, claro está. Pero se puede empezar con la morcilla casera de Cardeña, croquetas caseras, picadillo burgalés o revuelto de hongos, y terminar con unas rosquillas del abuelo.

Beber

Una de las cosas curiosas de Peñaranda de Duero es que... ¡no está al borde del Duero! Tendrán que contentarse con el modesto río Arandilla. Pero sí que estamos en la Ribera del Duero burgalesa, y por tanto prueben un vino de la tierra. Tres de las mejores bodegas de esta zona, totalmente fiables, son Alonso del Yerro, Hermanos Pérez Pascuas y Cillar de Silos. Grandes tintos (que no es lo mismo que tintos gruesos, como bastante a menudo sucede en la Ribera).