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De aquí para allá: Montilla

Víctor de la Serna e Isabel González comentan la historia, la gastronomía y lo que hay que hacer en esta localidad cordobesa.

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No olvidemos que Montilla es la ciudad inmortalizada por Cervantes en El coloquio de los perros, y que Leonor Rodríguez, La Camacha (la más famosa hechicera que hubo...; ...la que remediaba maravillosamente doncellas que habían tenido descuido en guardar su entereza, cubría a las viudas que con honestidad fuesen deshonestas, descasaba a las casadas y casaba las que ella quería...".) es un personaje real nacido en esta localidad cordobesa.

Es además donde nació Gonzalo Fernández de Córdoba, El Gran Capitán, en 1453. Su castillo fue derribado a principios del XVI por mandato de Fernando el Católico a pesar de sus súplicas.

La visita:

Lo más recomendable es hacerla a pie, y contar con que vamos a tener que esforzarnos un poco: al ser una ciudad fortaleza, con el castillo en uno de los puntos más altos de la ciudad, en el centro histórico hay calles algo empinadas.

Desde la Oficina de Turismo nos proponen dos rutas. Las dos comienzan en el Llano de Palacio:

1.- La ruta avilista. Se trata de una visita guiada de unas dos horas y media de duración que recorre los rincones que frecuentaba San Juan de Ávila. Entre ellos, la Basílica Pontificia, templo neoclásico del XVIII que lleva su nombre y en el que descansan sus restos. No perderse el Mausoleo del Marquesado de Priego.

En esta ruta incluimos el Convento de Santa Clara, Monumento Histórico Nacional considerado una joya por el retablo mayor churrigueresco de la Igleisa o el artesonado mudéjar.

A esta visita sumaríamos la Parroquia de Santiago, la Casa de San Juan de Ávila (ejemplo de vivienda del XVI) y el Palacio de Medinaceli. Lo vemos, eso sí, por fuera, porque, de momento, es propiedad privada.

2.- La ruta Monumental. Se trata de un paseo por el centro histórico de Montilla para recorrer sus monumentos más significativos, como la Casa del Inca Garcilaso (que está cerrada ahora mismo por obras).

La Sierra de Montilla es también lugar de obligada visita por la presencia en ella de numerosos lagares donde se elaboran vinos y aceites de manera artesanal, además de ofrecer la mejor vista panorámica de la ciudad y una espectacular puesta de sol.

¿Dónde comer?

Las Camachas. La mesa clásica de Montilla (desde hace ya casi medio siglo) recuerda a las tres brujas montillanas inmortalizadas por Cervantes en su novela ejemplar 'El Coloquio de los perros'. Mantiene su aspecto de bodega montillana clásica y su cocina regional de muy correcto nivel. Salmorejo, rabo de toro y tocino de cielo, claro está. Pero también gazpacho de almendras, alcachofas al estilo Montilla, cordero a la miel de jara y leche frita al anís.

Don Gonzalo. Con Rafael Rubio Velasco tras sus fogones, este hotel montillano ofrece un comedor serio con una correctaa cocina entre regional y ecléctica a cazuela de habas verdes, espinacas con piñones y pasas, lomos de merluza con almejas y gambas, pierna de cordero al carbón, perdiz estilo castellano, y leche frita flambeada para terminar...

Los Arcos. Era una clásica taberna montillana, pero ha sido recientemente refundada como 'bodega gastronómica' mucho más ambiciosa, y está dando bien de comer, aparte de la mejora del local. Hasta en las tapas se nota la mezcla de lo autóctono y lo cosmopolita: salmorejo y croquetas, sí, pero también ceviche, 'tartare' de salmón, pollo al curry, sushi y cremoso de trigo.

Beber

Los gloriosos vinos de Montilla-Moriles, rivales de los de Jerez, a base de uvas pedro ximénez, pueden no sólo servir de aperitivo o de acompañamiento de postre (los grandiosos dulces PX...), sino incluso acompañar una comida entera si elegimos con atención entre finos, amontillados y olorosos. Mis tres bodegas favoritas: Pérez Barquero, Toro Albalá y Alvear.