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De aquí para allá: San Lorenzo de El Escorial

Encarna Jiménez y Víctor de la Serna comentan la historia, la gastronomía y lo que hay que hacer y visitar en San Lorenzo de El Escorial.

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Esta villa real es uno de los lugares que hay que visitar. Su origen pudo ser medieval, pero se debe a Felipe II la creación de un monasterio que sería una imagen del imperio español. Armado de matemáticos, arquitectos como Toledo y , sobre todo, Juan de Herrera, decide construir en 21 años un ejemplo de orden, austeridad y riqueza interior. Los Borbones, más afines de La Granja, mantienen el apoyo a esos Sitios Reales , especialmente con Carlos III y su arquitecto Villanueva.

Visita Por supuesto, el principal destino de los viajeros de S. Lorenzo es El Escorial. Impresionante por su arquitectura, sus tesoros son muy valiosos, tanto en pintura, desde El Bosco a Carreño, como en su Biblioteca, una de las más imponentes de España. También se pueden visitara la basílica y algunas estancias de Austrias y Borbones.

De época neoclásica son la casita del Infante y del Príncipe, fruto de Villanueva. En la Villa destacan las Casas de Oficios, el Real Coliseo de Carlos III o la Fonda de los Milaneses. Hay que aprovechar la visita para ir al Valle de los Caídos, en Cuelgamuros, con su gran cruz y el monasterio. Los alrededores de El Escorial son espectaculares, como vemos en la silla de Felipe II y unos alrededores ricos en flora y fauna.

¿Dónde comer?

Charolés. Lunes, miércoles y viernes, el mejor cocido madrileño del mundo. Ríanse de la ceremonia del té en Japón comparada con la del cocido de Charolés y su sucesión de viandas obsesivamente seleccionadas: patata gallega y choricito para abrir boca, una sopa perfectamente desengrasada pero de intensísimo sabor, melosos garbanzos de Fuentesaúco, verdura sabrosa, incluidos en invierno unos inesperados grelos -, dos tipos de tocino -curado, y portentoso, de Verín, y entreverado de Guadarrama-, y fuentes y fuentes de carnes que desbordan todo concepto de tres vuelcos: gallina vieja segoviana, tacos de morcillo, costillas de ternera charolesa, relleno clásico madrileño, huesos de caña con tuétano... Inmenso.

Horizontal. El entorno extraordinario del Monte de Abantos es sin duda lo más atractivo del restaurante de Aureliano Mediero, pero la cocina está también francamente bien. Se reparte entre lo clásico de toda la vida ('strogonoff' de solomillo con champiñón, guiso de cordero lechal con habitas o callos, morros y patas de ternera a la madrileña) y lo prudentemente 'creativo' (filetes de sardinas marinadas con mermelada de tomate y ensalada de remolacha, guiso de garbanzos con boletus).

Montia. Este modernísimo y aclamado restaurante volcado a los productos de la Sierra, donde hemos disfrutado con el yogur con cangrejo de río y pamplinas a la infusión de té y pera, con la brandada de lucio, con el 'vitello tonnato' de lengua de ternera o con la trucha salvaje con apio de monte, puede ser magnífico. Pero tiene un pero: la arrogancia de sus cocineros/propietarios hacia sus clientes, que ha provocado algún incidente sonado. Quien avisa no es traidor.

Beber

Los tintos de garnacha y los blancos de albillo de Gredos, a un tiro de piedra de aquí, se han hecho famosos ¡en el mundo!, tras siglos de olvido. Prueben sin dudarlo los de Comando G, Dani Landi, Marañones, Bernabeleva, Canopy, Telmo Rodríguez y Rubor (es mi cumpleaños y me apetece nombrar a tantos buenos amigos), y no se arrepentirán.

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