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De aquí para allá: Estocolmo

Encarna Jiménez y Víctor de la Serna hablan de la gastronomía, la historia y lo que hay que conocer y visitar en la capital de Suecia.

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La capital de Suecia se asienta en 14 islas unidas por 54 puentes. Es una ciudad en la que el agua une y separa sus numerosas islas. Es deliciosa para visitar en verano. Se puede gozar de su espléndida belleza y jardines. Es una ciudad con gran calidad de vida y su centro está magníficamente conservado o reconstruido. La oferta cultural, de compras y ocio es extraordinaria. Si tienen dinero para adquirir la tourist card en la plaza cercana al Palacio Real.

Gamla Stan es el centro histórico. Un barrio de origen medieval en el que podemos ver edificios de su época gloriosa, S. XVII y XVIII. El Palacio Real y la catedral se encuentran aquí. En este barrio se ubican el Museo Nobel o la casa de la Nobleza.

Si queremos conocer una especie de pueblo sueco muy bien reproducido, desde sus cabañas, tenemos que ir a la isla Djugarden donde está Skasen, donde se reproduce la vida rural y ciudadana desde el S. XVI. En la misma línea histórica está el Vasa, que es un barco-museo del S. XVII.

Como hay multitud de museos, podemos visitar el Moderna Museet, del S. XX; la casa-museo de Strindberg o el museo del grupo ABBA, además de los clásicos. El Palacio de la Ópera es fantástico, pero si queremos ver algo más contemporáneo, hay que ir a Magazín 3, de arte último; pasear por Södermalm, Mariatorget; Drottminggaten o dejarnos caer en sus maravillosos jardines.

Dónde comer

Operakällaren. La bodega de la ópera oculta este esplendoroso restaurante decimonónico, con sus arañas de cristal, sus pinturas bucólicas y sus dorados en el imponente comedor principal. Sólo por visitarlo como un museo merecería la pena, pero encima se come muy bien en un estilo clásico, claro. Como el chef, Stefano Catenacci, es italiano nos podemos topar con unas vieiras acompañadas de ravioles, tomates secos y 'beurre blanc' (salsa de mantequilla), pero también lucioperca con hinojo y salsa de mejillones o una crema de chocolate amargo y turrón con helado de aceite de colza.

Mathias Dahlgren Matbaren. Es el 'bistrot' de este famoso cocinero, que también dirige un restaurante más refinado y más caro en el mismo lugar, el Grand Hotel. Pero en el Matbaren se da muy bien de comer, dentro del principio de "productos naturales y sabores naturales" que defiende Dahlgren. La carta cambia sin cesar, según el mercado, y hasta dos veces diarias, y los platos van de la ensalada de arenque a los 'dim sum' de cerdo, del lucioperca frito con queso y estragón al pulpo a la parrilla con pepino, y el 'fondant' de chocolate boliviano es un postre famoso.

EAT. Significa, claro, 'comer' en inglés, pero también es un acrónimo de European Asian Taste, y de eso va: fusión entre lo francés, lo británico y lo asiático. Barato (para Suecia...) y simpático. Aunque con detalles europeos en los ingredientes, el conjunto es esencialmente chino: gran oferta de 'dumplings' o 'dim sum', tanto al vapor como fritos, también de tallarines en diferentes versiones y de carnes salteadas en 'wok'.

Beber

La fría Suecia no tiene (apenas) viñas y bebe vinos de países más meridionales. Sus bebidas nacionales son la cerveza y un buen 'aqvavit' o aguardiente de grano, que tan bien va con los arenques. Pero no olvidemos su vodka Absolut, que ha superado en fama a las rusas. En cuanto a cervezas, el 'boom' de las artesanas también se nota aquí, y proliferan. Según el sitio de internet ratebeer.com, actualmente la más valorada por los aficionados es una cerveza negra, la Dugges Idjit!