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De aquí para allá: Santa Cruz de La Palma

Encarna Jiménez y Víctor de la Serna hablan de los restaurantes, la gastronomía y lo que hay que hacer y visitar en esta localidad canaria.

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La capital de la isla de la Palma, provincia de Tenerife, se encuentra al este de una isla que tiene forma de punta de sílex o gota de vidrio o agua. A finales del s. XV se fundó la Villa de Apurón, que luego pasó a ser Santa Cruz de la Palma. Actualmente tiene cerca de 17.000 habitantes y sólo hay otra ciudad de sus dimensiones en la isla: Los Llanos de Ariadne. En Santa Cruz hay edificios bajos, de aire colonial, como los que se encuentran en la Plaza de España. La villa está sobre territorio basáltico.

El Castillo de Santa Catalina y el de Santa Cruz del Barrio nos recuerdan las defensas de los siglos XVI. Su Ayuntamiento, en Cueva de Carías, tiene trazas del S. XVIII.

Sus edificios más antiguos son del S. XVI al XVIII, del renacimiento al barroco, pero sin aire monumental. Tiene dos teatros. Son famosas sus balconadas de la Virgen.

El Monasterio de Nuestra Sra. de las Nieves es el edificio religioso más popular, junto a la iglesia del Salvador, la de la Encarnación y el Convento franciscano de la Inmaculada.

Hay un pequeño Muso Naval y otro de Bellas Artes en el Convento de S. Francisco. Además, la isla tiene gran valor paisajístico, aunque ha sufrido incendios en los últimos años.

Entre sus lugares destacados está la caldera de Taburiente con buenos manantiales. También sobresale el Roque de los Muchachos, por sus bonitas vistas; el frondoso arbolado de Los tilos; la ruta de los volcanes, el cubo de la Galga y los restos arqueológicos de Belmaco y la cueva de la Zarza.

El más famoso santacrucero es Manolo Blahnick, diseñador de calzado. En la isla han vivido algunos de los pintores alemanes de los 80 –de la galería Juana de Aizpuru- como los hermanos Oehlen o el crítico de arte Quico Rivas.

¿Dónde comer?

  • La Placeta. Una de esas antiguas casas coloniales del siglo XVIII con balcones de madera, en pleno centro de Santa Cruz, con tanto encanto y que tanto nos gustan a los peninsulares. Y resulta que, además, aquí se come francamente bien, sin pretensiones, con una mezcla entre canaria y foránea: potaje canario, chocos a la plancha, conejo en salsa, y el bienmesabe palmero para terminar.
  • Enriclai. Un lugar peculiar: cinco mesitas, no hay carta, hay que pagar en efectivo, cocina un italiano expatriado, Roberto Battini, y atiende muy amablemente Carmen, su mujer, que es venezolana y explica la variable oferta de cada día. Spaghetti allo scoglio (con mariscos), lasaña vegetal, pasta con setas... Simpático.
  • Las Tres Chimeneas (San Pedro de Breña Alta, a 5 kms). Más de 25 años, y la bonita casa de piedra con chimenea (con tres, en realidad) y terraza de Oscar Jiménez, en pleno campo, sigue ahí con una oferta de eso que se llamaba 'cocina internacional' (bueno, y alguna papa bonita con mojo, claro) en un marco agradable y sin malas sorpresas: solomillo de cerdo con cebolla gratinada, chateaubriand, lenguado meunière, queso palmero, flan de queso. Y no muy caro.

Beber

La heroica viticultura de La Palma, con esa orografía tan accidentada, es uno de los timbres de gloria de la isla. Sus vinos dulces de malvasía son famosos desde el Renacimiento. Prueben un blanco de albillo El Níspero, de la excelente viticultora Eufrosina Pérez, un tinto de listán prieto –la uva que los españoles llevaron a América, desde Patagonia hasta California-, el Tendal Selección, y un vino dulce de Carballo, el Malvasía Especial.