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Carta de amor: "Feliz cumpleaños"

Ayanta Barilli lee la carta del día.

Es Amor

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Ayer cumpliste 96 años. Fuimos a verte y estar contigo. No te felicitamos, ni te hablamos, ni te cantamos la mítica canción del "Cumpleaños feliz". Solamente te contemplamos, te cogimos las manos, te dimos besos llenos de amor y de pena.

Después de tantos años silenciosos, no tenemos frases para ese momento. Tú no oyes nuestras palabras (creemos), no tienes ningún gesto, no hay señal de vida en tu cara. Tus ojos siguen cerrados, tu cuerpo inerte, tus manos abrazando unos trozos de vendas que oprimes con una fuerza impotente.

Hoy te encontramos en un estado distinto. Con oxigeno y en tu cama. No se que pasó por mi mente. El corazón me latió de forma distinta. Una parte de mí te retiene, otra desea que te marches, que descanses. Es mi lucha o es tu lucha. No se... te necesito por que se que el día que partas, partirá contigo mucha vida mía. Me quedaré sin raíces. Quedaré flotando en la vida como ese globo que se le escapa al niño y ve que se aleja subiendo a un cielo que no tiene fin.

Hoy habla mi corazón. Lucha mi mente con mis sentimientos. Razono, me digo que ya es hora. Mi corazón me dice que aún no.¡ Mamá aún no!

Me respondo: mamá ya es hora que dejes de vivir sin vida. No te guíes por mis sentimientos, no me escuches, deja mi dolor a un lado y sigue tu camino. Ese camino que empezamos el día que nacemos y que termina... No se...

Todo será distinto sin ti. Ya he tenido pérdidas dolorosas, pero la tuya intuyo, será perderme yo también un poco.

Esta carta es solo para ti. Es una forma de felicitación a una mujer luchadora, que dejó detrás de ella dos ramas, que a su vez se llenaron de hojas alimentadas de tus raíces.

¡Que duro será mamá no tenerte!. Pero con todo mi dolor deseo que termines y en tu camino encuentres todo lo que en estos trece años no has tenido.

Solamente te hemos podido dar todo nuestro amor. Pero lo considero poco para todo el que tú nos distes. Mamá no se cuanto tiempo te queda de estar aquí. Nadie lo puede saber, pero si quiero que sepas que nunca, nunca, podré encontrar lo que tu nos aportaste en el tiempo que estuviste a nuestro lado.

Solo una madre y unos hijos, saben el vínculo que existe entre ellos. Ese amor, esa renuncia, ese egoísmo, ese sufrimiento, ese desprendimiento, ese dar sin recibir, recibir poco y creer que es una inmensidad, esa humildad tan altanera de madre. No existe un medidor para el amor entre madre e hijos. Toda la vida estamos unidos a ese cordón umbilical, aunque no nos demos cuenta. Es un amor agónico y  vital.

Solo puedo escribir para ti en un silencioso grito: ¡Madre te queremos!

Concha