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Cuenta la Historia que el año 58 d. de C., el filósofo romano Lucio Anneo Séneca decidió abandonar la ciudad de Roma y retirarse al campo. Quizá una mente menos dada la reflexión creativa que la de Séneca hubiera aprovechado ese tiempo para descansar del lamentable espectáculo político a que Roma se veía sometida por causa de Nerón. Sin embargo, Séneca aprovechó para redactar varias obras entre las que destacan las cartas que dirigió a Lucilio.
A lo largo de 124 epístolas, Séneca fue enhebrando algunos de los pensamientos más sutiles, agudos y acertados de la época. Precisamente en la epístola 123 recogía la siguiente afirmación: "Nadie puede tener todo lo que quiere; lo que sí puede cualquiera es dejar de querer lo que no tiene y servirse con alegría de lo que se le ofrece. Y es que gran parte de la libertad consiste en comer con moderación y en aguantar con paciencia las injurias".
Las palabras de Séneca, dotadas de una ironía sutil, se burlaban de aquellos empeñados en poseer lo que no tenían. Frente a esa conducta esencialmente necia, el filósofo de origen español proporcionaba una receta doble. La misma consistía, primero, en dejar de desear lo que no se puede tener y, segundo, en portarse con moderación en cuestiones como la ingestión de las comidas y las injurias lanzadas por los enemigos.
En las últimas horas, hemos tenido nuevas noticias sobre la manera en que el comportamiento de las CCAA estaba afectando trágicamente la estabilidad del sistema. Sin intención de agotar el tema, los hechos son los siguientes:
1. Las cuentas públicas han sido la gran preocupación en toda la UE a lo largo de este 2010. España se ha visto obligada a llevar a cabo un recorte importante que afecta de manera fundamental a pensionistas y funcionarios.
2. Con todo, el recorte sufrido por España no tendrá sentido si no cambia el gasto de las CCAA.
3. El año que viene, más de la mitad del déficit (un 3,3% de un total previsto del 6,0%) vendrá de las CCAA. Esto es especialmente grave si se tiene en cuenta que de las arcas centrales salen los principales pagos de política social (pensiones o prestaciones por desempleo). Es decir, que los Gobiernos regionales no han hecho el ajuste de otras administraciones.
4. Esta circunstancia no es nueva ya que la deuda autonómica se ha multiplicado de forma constante a lo largo de los últimos años y no parece que esta tendencia vaya a cambiar.
5. Según el informe presentado ayer por el Círculo de Empresarios sobre el "deterioro y la sostenibilidad de las cuentas públicas españolas", el personal al servicio de las administraciones públicas españolas ha crecido en casi más de 550.000 empleados desde 1998.
6. A ese dato hay que sumar que el Gobierno central ha perdido más de 300.000 puestos, mientras que las autonomías aumentaban este número en más de 668.000. De esa manera, los empleados autonómicos son muchos más de los que se han reducido en la administración central y ya suman 1.345.000, más del 50% del total de funcionarios españoles.
7. Este dato se añade a los de la deuda de las empresas públicas de las CCAA ya que este tipo de entidades ya cuenta con unos números rojos equivalentes al 1,5% del PIB.
8. Dado que las autonomías son entidades fundamentalmente de gasto, pero no de recaudación, cuentan con demasiados incentivos para aumentar el dispendio, puesto que luego el capítulo de ingresos depende de una negociación política (en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, en el Congreso o en una negociación particular por una determinada ley).
9. Con todos estos datos, no resulta extraño que los expertos – como el Círculo de empresarios o el Instituto de Estudios Económicos - alerten sobre la necesidad de controlar las cuentas públicas de las CCAA.
10. El Círculo de empresarios asegura que será "crucial que en las CCAA se establezcan medidas rigurosas de control del gasto" y alerta de que el nivel de deuda regional ha crecido en el último año a un ritmo superior al 25%, alcanzando ya el 10% del PIB español.
11. Su estudio es especialmente crítico con las empresas públicas, "cuya deuda se ha duplicado desde 2004", por lo que afirma: "es imprescindible cortar esta sangría, impidiendo el recurso descontrolado a la constitución de empresas e instituciones públicas.
12. Así, el Círculo de Empresarios propone fijar un techo de gasto para las comunidades autónomas, cuyo incumplimiento acarrearía sanciones, ya que así se corregiría la "asimetría" de un sistema en el que las posibles sanciones europeas recaen únicamente sobre la Administración Central.
13. En la misma línea se ha expresado el Instituto de Estudios Económicos (IEE) en su informe sobre los Presupuestos Generales del Estado para 2011. Este organismo asegura que "una cuestión primordial sería la reducción y el condicionamiento de las transferencias a las administraciones territoriales", a fin de "no crear estructuras de incentivos equivocadas por parte de las comunidades autónomas" y
14. Este mismo estudio, se pide que se haga efectiva "la corresponsabilidad fiscal", que favorezca un cierto grado de "competencia fiscal entre las regiones" y que se elimine la "gran opacidad en las cuentas de las administraciones públicas territoriales".
El actual sistema autonómico constituye una verdadera hemorragia de recursos surgidos de los bolsillos de los sufridos ciudadanos españoles. Sus disfunciones permiten que determinadas CCAA que están en la mente de todos
- Gasten sin control lo que permite los dispendios y la corrupción
- No sean responsables de los gastos
- Cultiven el victimismo frente a cualquier gobierno central que pretenda poner orden
- Chantajeen al gobierno nacional y
- Ahonden la fosa en la que, de manera irremisible y aciaga, se hunde nuestra economía.
Pues bien o aceptamos el consejo de Séneca e imponemos la moderación a aquellos que abren estúpidas y fantasmales embajadas en el extranjero; que gastan millones en promocionar absurdamente una lengua minoritaria y que gozan por añadidura de privilegios fiscales o asumimos que nosotros y nuestros hijos seremos más pobres durante las próximas décadas. En otras palabras, o recortamos su vampirismo por sentido común o aceptamos que chupen nuestra sangre y la de nuestros descendientes por generaciones.