
Salvador Calvo aborda el reto técnico de su nueva producción, una obra que destaca por su complejidad narrativa y visual. El director, confeso amante de lo analógico y del storyboard realizado a mano, admite el vértigo que le produjo enfrentarse a un proyecto con un alto componente de efectos digitales, una barrera que superó buscando que la tecnología mantuviera una esencia orgánica y veraz.
La trama se aleja de la mera parafernalia visual para centrarse en una historia humana protagonizada por un grupo de saltadores y las mujeres que los acompañan. El objetivo fundamental de la cinta es adentrarse en la psicología de estos personajes, permitiendo que el espectador comprenda o, al menos, empatice con la pasión y el riesgo extremo que define sus vidas.
Las actrices Candela González y Stéphanie Magnin, que dan vida a Miriam e Iris respectivamente, resaltan la importancia del apoyo emocional y el respeto mutuo dentro del grupo. Mientras Miriam intenta asimilar un ritmo de vida frenético marcado por la sensación de vacío, Iris ejerce como una mentora que le muestra los entresijos de un mundo aislado, subrayando la profundidad de los vínculos que se forjan en situaciones de riesgo.
Finalmente, el equipo destaca que la película evita juzgar las decisiones de sus protagonistas, ofreciendo un prisma de perspectivas que invita al debate. Se trata, en última instancia, de un relato sobre la libertad individual y la vida que busca sacudir emocionalmente al público desde la butaca del cine.
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