
Amaia Salamanca y Eduardo Noriega se adentran en La ahorcada en una historia que trasciende el susto para explorar zonas más profundas del ser humano. "Hablaban de una película de terror clásico, con susto, con miedo, pero al mismo tiempo hablaban de una relación muy potente y de bucear en los lados oscuros del alma humana", explica Noriega en el espacio de esCine en esRadio.
Esa doble capa fue clave para ambos intérpretes: "No era solamente una atmósfera de terror, al mismo tiempo está hablando de cosas como la oscuridad del alma humana".
Para Amaia Salamanca, el atractivo estaba también en la complejidad de los personajes: "Son personajes que no son fáciles de encontrar, no son evidentes y son personajes que tienen muchas contradicciones".
Del amor a la obsesión
Uno de los ejes centrales del relato es la delgada línea entre el amor y el odio. "Toda esa pasión que tenías en el amor puede llegar a ser mucho mayor y mucho más destructiva", reflexiona Salamanca sobre la evolución emocional de los personajes.
La actriz describe una relación marcada por la incomunicación y el daño: "Eso hace que ella caiga también en esta obsesión autodestructiva".
Noriega profundiza en esa idea desde una perspectiva más amplia: "Un amor apasionado puede convertirse en un sentimiento de odio incluso más poderoso que el amor". Un proceso que, según el actor, conecta directamente con la naturaleza humana: "El ser humano es así".
Personajes llenos de contradicciones
El personaje de Noriega encarna esa dualidad moral que atraviesa toda la historia. "No solamente es un egoísta y poco empático. Es una persona que adora por encima de todo a sus hijas y a su familia", explica.
Una contradicción que define su comportamiento: "Es un tipo que va a hacer daño sin darse cuenta y que quizá va a recibir una venganza demasiado desmedida". El actor lo resume con una imagen literaria: "Es un hombre que se cree un poeta con profundos sentimientos y en realidad es un egoísta sin alma que destroza el corazón".
Heridas que no se ven
Más allá del terror, la película aborda el impacto emocional del desamor. "Son heridas más difíciles de sanar, porque son intangibles", afirma Noriega.
Salamanca coincide en esa idea: "Siempre una cicatriz queda de alguna manera y no la acabas de sanar del todo". Esa dimensión emocional refuerza el tono de la película, donde el miedo no solo está en lo sobrenatural, sino también en las relaciones humanas.
Pese a la carga psicológica del filme, ambos actores reivindican el componente lúdico del género. Noriega lo resume con sencillez: "A pasarlo muy bien pasando miedo". Y añade, en tono cómplice con el espectador: "El que quiera agarrarse un poco al de al lado La ahorcada es buenísima para eso".
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