
El podcast de historia de Libertad Digital, Desmemoria Histórica, viaja al 26, 27 y 28 de marzo de 1939, a esos últimos días del Madrid republicano, escenario de luchas intestinas entre comunistas y casadistas, los republicanos opositores a Negrín, o donde actuaban sin tapujos los servicios secretos nacionales, el SIPM. Rememoramos ese acto militar extraoficial ante las ruinas del Hospital Clínico, en el que, en un minuto, los republicanos entregan la capital a las tropas nacionales.
Hay una escena con la que arranca este episodio de Desmemoria Histórica que lo resume todo y que está recogida en el libro La guerra encubierta. El teniente coronel Joaquín Zulueta, jefe del II Cuerpo del Ejército republicano, informa a su superior, el coronel Segismundo Casado, de que cientos de sus soldados están en tierra de nadie confraternizando con el enemigo. Guitarras, botas de vino y canciones populares. Zulueta ha ido a hablar con el jefe de las tropas nacionales del sector del Parque de la Bombilla para frenar aquella verbena. La respuesta del oficial nacional es lapidaria: es inútil intentarlo, "los soldados ya han hecho la paz". Casado, al recibir el parte, le dice a su subordinado: "Déjeles que sigan disfrutando, porque además nos están dando una lección". Era el 27 de marzo y cuatro días después se emitía el último parte de guerra.
Por una rendición honrosa
Ya en el otoño de 1938, tras la Batalla del Ebro, algunos militares republicanos saben que la guerra está perdida. Lo que viene a continuación es una sublevación militar contra el Gobierno de Juan Negrín. La noche del 5 al 6 de marzo de 1939 el coronel Segismundo Casado, jefe del Ejército de Centro, junto con el general Miaja, el socialista Julián Besteiro, sectores de la CNT y lo que quedaba de los partidos republicanos no alineados con la URSS se sublevan. Forman el Consejo Nacional de Defensa para conseguir "una paz honrosa".
En una alocución en Unión Radio Besteiro dice: "El Consejo Nacional de Defensa quiere impedir que el Gobierno de la España republicana caiga definitivamente en poder del comunismo que tiraniza al pueblo".
Republicanos contra comunistas
Lo que sigue es algo que no encaja en la Memoria Democrática de Pedro Sánchez: la última batalla de la Guerra Civil no la libran republicanos contra franquistas, sino republicanos contra comunistas. Durante una semana, del 8 al 12 de marzo, Madrid se convierte en un cruento campo de batalla con casi 250 muertos, fusilamientos sumarísimos y heridos rematados. Los comunistas se hacen con el Parque del Capricho, la posición Jaca, detienen a tres tenientes coroneles del Estado Mayor de Casado y los fusilan en El Pardo. Los casadistas responden con cañonazos desde los altos del hipódromo contra Nuevos Ministerios, donde resiste el último reducto rojo.
Mientras todo esto ocurre, Negrín y los dirigentes comunistas huyen en avión desde Monóvar.
Besteiro se queda. Los demás, huyen
Casado en colaboración con la Quinta Columna preparan la llegada de los sublevados a Madrid. Se disuelve el SIM y se abren las cárceles. Pero cuando las tropas nacionales entran en Madrid, Valencia, Ciudad Real y Albacete, a quienes se encuentran en las prisiones es a los comunistas. Ahí les deja el Consejo Nacional de Defensa que sí había liberado a los presos del otro bando. Luego serán juzgados y algunos condenados a muerte por Franco. Dice Pedro Corral: "Alguien debería explicarle esto a la Comisión de la Verdad presidida por el exjuez Baltasar Garzón. ¿En qué cajón de la Memoria Democrática encajan los comunistas fusilados encarcelados por los socialistas?"
El 28 de marzo, el Consejo de Defensa abandona Madrid. Casado, Miaja y los suyos llegan a Valencia, pasan a Gandía y embarcan en un buque inglés rumbo a Marsella. Julián Besteiro, en un gesto que merece más reconocimiento del que recibe, se niega a marcharse. Sabe lo que le espera. Dos catedráticos de Derecho, quintacolumnistas, velan por él hasta que es detenido esa tarde. Morirá en la cárcel de Carmona en septiembre de 1940. Tenía casi setenta años y había dedicado su vida a frenar la deriva revolucionaria del PSOE de Largo Caballero.
El 1 de abril de 1939 Franco firma el último parte de guerra en Burgos. Luego se mete en la cama una semana. Tenía gripe.
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