La Vendée es a la Revolución Francesa, la Ilustración y la Proclamación de los Derechos del Hombre y el Ciudadano lo que el Gulag al Comunismo: una enmienda a la totalidad, una prueba de la barbarie que se oculta tras las solemnes proclamas de liberación que identifican el mundo desde 1789. ¿Y cuál es la clave de tanta mentira y tanto terror, de un movimiento filosófico y moral que busca, en teoría, la libertad y felicidad de todos? Su carácter totalitario parte de excluir la Revelación, que pone al hombre bajo el poder de Dios, y establece la división y diferenciación de poderes: Dios y el César.
La Vendée representa el afán del César en convertirse en un Dios omnipotente, monoteísta, que legitima el exterminio de cuantos discutan o se opongan a su plan, que es religioso, y por eso prohíbe los demás cultos; económico, y por eso prohíbe la propiedad; moral y cultural, por eso niega el valor a la tradición. Las tres instancias: Dios, la Propiedad y la Libertad, son el Hombre Viejo del Evangelio. El Hombre nuevo se identifica con el Estado, con un discurso que condena al que niega el sentido de la Historia.
El racionalismo, la lucha de clases y la revolución social son las tres patas de un proyecto para destruir las bases de la tradición occidental: la moral judeocristiana, la filosofía de Grecia, el Derecho de Roma y la Cruz. El proceso empieza en 1789, con la declaración de los derechos del Hombre o del Hombre Nuevo. Pero ese hombre abstracto, cuyos derechos se proclaman, no existe, solo lo hará al desaparecer el hombre viejo, el real. Por eso los derechos que se proclaman no protegen la vida, la libertad y la propiedad de los católicos franceses. Porque solo el hombre futuro tiene derechos. El presente debe morir. Para que nazca el hombre nuevo, abstracto, hay que exterminar al viejo, partir de cero, de la "página en blanco" de Mao; imponer el "gran recomienzo", el Reseteo, la agenda 2030. Y la prueba del afán de sustituir la Humanidad es la Vendée.
Las ocho persecuciones para descristianizar Francia
Es esencial entender que las guerras de la Vendée no tuvieron una causa económica o política, solo religiosa. Los vendeanos fueron a una muerte segura no por el rey, vivo o muerto, sino en defensa de sus buenos curas y la religión de sus padres, que incluía el régimen tradicional monárquico, al margen de la fórmula que adoptara. La república se negó a negociar nada, aunque el Rey y Roma estaban dispuestos a negociar para evitar el cisma.
La Vendée no es un ataque a la revolución, sino la primera gran defensa popular de la religión, también la primera resistencia armada con éxito y el modelo de defensa de la libertad individual contra un poder político que se atribuye el lugar de Dios y de lo sagrado. Como los brigands (bandidos) del Ejército Católico y Real de la Vendée, lucharon los briganti del Ejército Católico y Real de las dos Sicilias, el Ejército Blanco o del Zar en Rusia, los cristeros mejicanos y los "nacionales" en España. Todos se definían como "cruzados" y hubo miles de mártires de la Fe. Salvo en España, tras años de heroica lucha y abandonados por Roma, todos fueron derrotados.

Jean de la Viguerie, uno de los historiadores de la Iglesia francesa más respetados, explica que en dos años con ocho medidas liquidaron un culto de 1.300 años, de enorme raigambre popular, mediante el Terror. Algunas de las medidas fueron: la nacionalización y venta de los bienes del clero, la supresión de todas las órdenes religiosas, la suspensión, entre 1791 y 1792, de cuatro mil parroquias, la proscripción de los curas "refractarios", la abolición del calendario cristiano y los domingos o la secularización del matrimonio o la prohibición del bautismo.
Además, el Estatuto Civil del Clero, votado el 12 de Julio de 1790, convertía en funcionarios a los clérigos, con cargo al Estado y sin sujeción ninguna a Roma. Es decir, creaba la Iglesia Nacional Francesa. El 17 de noviembre de 1790 la Asamblea Constituyente ordena que todos los curas juren la Constitución. Este fue el golpe de gracia a los cristianos, al privarles de los curas, y, con ellos, de los sacramentos. El heroísmo de muchos de ellos, que les costó la vida, así como a los fieles que los escondieron, ha oscurecido el desastre real que supuso para la iglesia. Al fin, la República triunfó en su afán de borrar el cristianismo de Francia.
Este primer capítulo del podcast ‘Pensar la Vendée’ es una mirada general a estas guerras franco-francesas cuyo rastro se consiguió borrar hasta mediados de los años 80 del pasado siglo. Borrar el rastro del crimen y, además, culpar a las víctimas: mentira y memoricidio. Que La Vendée sea un ejemplo duradero.

