...los recuerdos se amontonan en desorden y los sentimientos se entremezclan en mi alma.
¿Qué fuiste tú? y ¿Qué eres en este instante? ¿Qué camino recorriste en la vida que te llevó de un extremo a otro? ¿Cómo puede una madre sentir amor y odio? ¿Cómo puede llorar y reír luego? Es la vida una caja de sorpresas que te hace, día a día, cambiar lo blanco a negro y lo negro a blanco, casi al mismo tiempo.
Tú naciste, Guzmán, una mañana de verano cuando el sol calienta y ciega, cuando el cielo es azul y la flor despierta; y en unos minutos apagaste el sol, marchitaste la flor y nubes oscuras aparecieron en el horizonte. Todo cambió de repente y, mi mayor dolor, lo produjiste tú con tu carita. No te miré en mucho tiempo porque no me sentía capaz. Tus hermanas, tan hermosas con su inocencia, me decían: "mamá, qué guapo es el niño que todo el mundo lo mira..." Y a mi...se me saltaban las lágrima y callaba como respuesta.
La primera vez que sonreíste tendrías tres meses y se lo conté a tu padre y ¿sabes cuál fue su respuesta? Serán imaginaciones tuyas - me dijo- estos niños no sonríen a edades tan tempranas. Y yo, ante el aplomo de él, me lo creí. Pero cuando, más tarde, volviste a sonreír, ya no dudé más y dejé que la gente o los libros dijeran lo que quisieran. Tú me sonreías y yo, lo sabía.
La tristeza, los llantos y el desencanto duraron mucho, Guzmán, pero tú, desde el primer día, peleaste en una batalla larga y dura. Una batalla que tenías que ganar. Ganaste al desprecio de tu familia, a la compasión de tus vecinos, al alejamiento de los amigos y hasta a la muerte, la venciste.
En el fondo de tus ojos me hundía todas las noches mientras te contaba un cuento y te enseñaba un "te quiero", aunque tú no me llamabas, ni entendías lo que te leía, me mirabas con el azul de tu cielo y mirándome te dormías mientras me apretabas el dedo con tu puñito frágil, que tanto me costaba sacar luego.
Un día, con la lengua de trapo, me dijiste: "mamá, te tero". No lo podía creer. Mi niño era capaz de hablar aunque apenas le entendía. Comencé así a aprender un lenguaje nuevo, el lenguaje de su alma. Y a través de esos sonidos, pude comprender sus sentimientos.
He aprendido a gozar ese instante tan pequeño. He aprendido a mirar el color de los árboles, las estrellas del cielo, el rumor del agua libre, el silbido del viento y el olor del césped cortado.
A veces me besas las manos, como si te quisieras hacer perdonar tantos llantos ya pasados. Y me miras como diciéndome: "ves como iba a ser tu hijo el más amado. Ya no te voy a dejar. Me quedaré contigo. Yo soy tu ángel, mamá. Te quitaré todas las penas y conmigo tendrás siempre al compañero de tus sueños."
María Dolores
