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El caos se adueña del PSOE gallego

Nada es imposible, pero al PSdeG le falta un buen intérprete para entonar el “My Way”. El nuevo “ejército caballerista” puede acabar con el partido.

Diego Martínez
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Abel Caballero y Pilar Cancela. | BENITO

"Nada es imposible, pero no tengo en mente liderar el PSOE gallego". Así, fría y contundentemente, se definía José Blanco. Pero el "concepto" del que fuera número dos de Zapatero es como la canción "A mi manera" (My Way). No es lo mismo que el intérprete sea Fran Sinatra o un imitador. Porque detrás de esta letra sí podría estar "enderezar" el rumbo del PSOE. En el PSdeG el tiempo también se agota y las voces críticas urgen más que "una canción" tomar las medidas necesarias para ese cambio. No son, sin embargo, las nuevas o viejas voces del PSOE gallego, las que tienen que mover ficha. La masa crítica (o críticas) del PSdeG no es de ahora, es de hace décadas. Pero el "invento" del reino de taifas -o como ahora dicen, las baronías- han llevado a un partido de centro izquierda a convertirse en la antítesis de lo que predica. Pero esto ya lo viene haciendo desde mayo de 1979, tras el histórico congreso en el que, por primera vez, pusieron a Felipe González contra las cuerdas. La ineptitud de la gestora gallega, presidida por Pilar Cancela, recuerda aquellos tiempos en los que el PSOE estuvo a punto de desaparecer y, con él, también parte de la historia de la España democrática. Pero ni el presidente de la gestora federal, Javier Fernández, es Sinatra para para interpretar "My Way", ni el Caballero de Vigo es capaz de sostener el atril con la mítica letra que deben aprender e interpretar los socialistas gallegos. No es cuestión de engañar con malos resultados, el problema del PSdeG es de puro localismo, de falta de identidad y de no tener un concepto claro de la cohesión territorial. Cuyo único pecado en esta materia es cumplir con la partitura distribuida por el PSOE por toda España. Claro que nada es imposible, pero el PSdeG lo tiene muy difícil para salir de la situación hacia donde lo han llevado: hacia su autodestrucción. Lo mismo que al PSOE. Se ha formado un "ejército" de "caballeristas" quieren revivir la historia que destruyó a los "prietistas". Algún "caballerista" ya tiene silla reservada para Vistalegre II.

Tras los pésimos resultados de las últimas elecciones (desde las europeas hasta las generales del 26-J; tras pasar por entregar las principales ciudades a los podemitas), el PSdeG quiso hacer una análisis sobre este revés. Pero lo que no hizo el Partido de los Socialistas de Galicia fue un examen de su corta historia. Y si lo hiciera vería que la conclusión sería una traición ideológica: ni se puede ser nacionalista o populista siendo parte del PSOE, que es un partido estatal; es decir, español.

Si la situación del PSOE es preocupante, la del PSdeG causa escalofríos en la nevera que en estos momentos está metido Ferraz. Los mensajes, dicen, se transmiten de forma constante tanto al presidente de la gestora federal, Javier Fernández, y a la misma responsable del organismo provisional gallego, Pilar Cancela. Pero son mensajes de ida y vuelta. Ni siquiera se analiza la situación. Porque, entre otras cosas, si se soluciona una se empeora la otra. Lo que toca en estos momentos es esperar. El guión está escrito, solo falta saber si se cumple. Pero el caso es más complejo del que se supone.

Desde estas mismas páginas lo hemos dicho muchas veces. Y lo volvemos a repetir. Algunos -analistas, o como quieran llamarlos- afirman que el PSOE ha entrado en una dinámica de autodestrucción impensable en apenas unos meses. No es cierto. La formación socialista vive atada a esa situación de autoeliminación desde su 28 Congreso. Luego vino una sucesión de reinos "monárquicos" que no encajan en un partido republicano. Y, por supuesto, de izquierdas. Pero en ambos, el PSOE se ha traicionado a sí mismo.

No es cuestión de valorar los dos años de Pedro Sánchez al frente del partido. La larga década de José Luis Rodríguez Zapatero, sobre todo sus ocho años como presidente del Gobierno, han contribuido a su autodestrucción y a consolidar los diecisiete partidos -dicen socialistas- en el Estado español. Incluida su colaboración y proximidad al nacionalismo más radical e independentistas.

Solo el ejemplo de estos dos máximos mandatarios del PSOE se parecen a los tiempos más tenebrosos del Partido Socialista en la historia de España. Una historia que, además y si rubor, ambos se encargan de recordar.

La herencia

Con una herencia caótica, tanto en el plano ideológico como en el de la responsabilidad institucional, Sánchez se encargó de superar el legado de Zapatero. Por eso, los acontecimientos se suceden a la velocidad de vértigo en un partido que sigue con su lucha interna en lugar de buscar fórmulas para su regeneración.

Pero esa esperada respuesta de regeneración no aparece. Todo lo contrario, la respuesta, exenta de arrogancia, de Sánchez y el reto lanzado por él y un puñado de seguidores a los barones regionales, ha desencadenado que el PSOE siga por la senda de su autodestrucción en las comunidades autónomas; además, de poner en evidencia a una gestora que quiere pero no puede. Es decir, la dirección provisional que ejerce como presidente Javier Fernández no se siente respaldada por los dirigentes territoriales. Al menos, así se plasma en las decisiones que toma. Todas con síntomas de temor y debilidad.

El problema más grave al que se enfrenta el PSOE en estos momentos es una contrastada desconexión con la sociedad. Las últimas citas con las urnas y sus resultados reflejan ese retroceso imparable que, sin duda, es debido al espectáculo que está dando el Partido Socialista y que contribuye a alimentar en beneficio de sus principales adversarios.

Sin embargo, sería un error atribuir toda la responsabilidad a Sánchez y su "pequeño ejército". Aunque, a decir verdad, no extrañaría que unos pocos de estos "soldados" y algún "mando" tenga sitio reservado ya para la fiesta de Vistalegre II. Ahora apenas quedan salidas dignas para este "ejército" improvisado o "rebelde".

La tentación nacionalista

Uno de los graves problemas a los que se enfrentó el PSOE fue su "concepto" de la "pluralidad de los pueblos de España". Todo esto es algo nuevo. Ni siquiera en aquellas "épocas tenebrosas" a los líderes del PSOE se les hubiera ocurrido semejante estupidez.

Pero la "buena" o "insensata" voluntad de los "padres" de nuestra Constitución ha ayudado a esta deriva. El Estado de las Autonomías y las llamadas "autonomías históricas" han contribuido a que un "ejército" sin formación se lanzará a aventuras que nos han llevado a donde hoy estamos.

Falta de concreción y responsabilidad ayudaron a hacer ese recorrido en el que las diversas marcas del PSOE se hicieron, en muchos casos, más nacionalistas que los independentistas y más independentistas que los que ahora reivindican el derecho a decidir. Como el Partido Socialista, que defiende lo inconstitucional en la mayoría de las comunidades autónomas. Y Galicia no es un caso indiferente para el partido de la rosa, no para el de la pluma y del yunque.

Ese cambio de dirección y, por su puesto, de cohesión política o puede venir de una suma para tratar de que se visualice un compromiso de más gente en una tarea que tiene que ser común y colectiva. Y por coherencia a nadie se le obliga a formar parte del PSOE y de lo que significa el Partido Socialista para España. Pero el PSOE tiene que adoptar una posición si quiere que en el conjunto del Estado español se aun solo partido y no un "ejército" más o menos armado para controlar el "estado socialista" y el futuro del país.

Demasiados partidos en uno solo

Aquel lamentable espectáculo del Comité Federal -visto en directo como la primera invasión en la Guerra de Oriente Medio gracias a las nuevas tecnologías- ha marcado un hito histórico: el PSOE tiene que reinventarse.

Porque en Ferraz se exhibió que las heridas internas tardarán en cicatrizarse. Probablemente se prolongará la crisis hasta que se rediseñe un proyecto político y se consiga un líder que reagrupe las distintas facciones. De momento, nada hay claro. Y eso es malo, porque ayuda a fragmentar la democracia española.

En Galicia, como ya hemos señalado en su momento, la crisis viene desde hace décadas. Dos secretarios generales en menos de cuatro años y con una gestora que ha estado siempre al servicio de Ferraz -cuando mandaba Pedro Sánchez-, el conflicto interno en el PSdeG amenaza con enquistarse.

Abel Caballero, alcalde de Vigo y presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), insiste en que la gestora tiene que irse, y que seguir el frente de ella Pilar Cancela es un error estratégico para la recuperación del partido.

El problema es que la demanda de Caballero, al que apoyan la mayoría de las voces con más peso en el socialismo gallego, queda en tierra de nadie. Porque la gestora federal ni se atreve con la postura del alcalde vigués ni con la dirección provisional que tiene divididos a los socialistas gallegos. El resultado es claro: caer por el precipicio o ir a la autodestrucción. Claro que ambas son parte de la misma rama de un árbol a punto de venirse abajo.

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