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El polen, a examen

Investigadores de la ULE analizan desde hace años las muestras de aire que reciben de toda la Comunidad para estudiar los niveles de polen

Silvia Gallo
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A punto de entrar la primavera y con la llegada de los mayores niveles de polinización, proliferan también las alergias respiratorias entre los ciudadanos, una época generalmente complicada y molesta para aquellos que las padecen, y que más de uno ya empieza a temer. Frecuentemente, a medida que nos adentramos en estos meses primaverales, escuchamos hablar de las previsiones que se esperan para las próximas semanas y meses en lo que a la incidencia de alergias se refiere, algo muy difícil de determinar a largo plazo. Pero en un menor espacio de tiempo sí resulta posible y todo ello se debe, entre otros aspectos, al trabajo que realizan grupos como el de investigadores de la Universidad de León (ULE) del área de Botánica del Departamento de Biodiversidad y Gestión Ambiental.

Este grupo –encabezado por las profesoras Delia Fernández, Rosa Valencia y Ana María Vega- se encarga de la lectura y análisis del polen presente en la atmósfera de las principales capitales de provincia y de otras ciudades importantes desde un punto de vista poblacional en Castilla y León. Para ello se dispone actualmente con 13 captadores en los que recogen las muestras del aire, que posteriormente se derivan a la Consejería de Sanidad de la Junta, quien las remite a León para su posterior análisis.

De esta manera, este grupo de profesionales, respaldadas por el resto de integrantes del equipo –que son personal de apoyo contratado gracias al convenio que cada año se suscribe con el Ejecutivo autonómico y que se encarga de la lectura de las preparaciones al microscopio-, estudia los niveles de polen presentes en la atmósfera, algo que llevan haciendo desde el año 2006 para toda Castilla y León pero desde hace más de 20 años en el caso de León y Ponferrada. El equipo lo completan dos asesores externos, que son la alergóloga de Valladolid, Alicia Armentia, y el profesional del Instituto de Ciencias de la Atmosfera y el Clima de Bolonia, Paolo Mandrioli.

Pero, ¿cómo se trabaja? Se dispone de unos aparatos repartidos por la geografía autonómica en los que se recoge un flujo de aire diario, que es el equivalente a la respiración de una persona estándar, es decir, unos diez litros por minuto. Estos medidores tienen un tambor con una rueda, que dispone de una cinta adhesiva que recoge las partículas que recibe del aire a lo largo de toda una semana. Después de transcurridos siete días, se procede a cortar la cinta y se divide por días –cada jornada corresponde a 48 milímetros- y se analiza al microscopio mediante un método estandarizado por la Red Española de Aerobiología, lo que permite determinar las concentraciones de polen registradas en cada jornada y el tipo al que pertenecen.

Este estudio permite identificar el tipo de polen así como la familia o especie de plantas a la que corresponde. Durante el visionado, se cuenta el número de granos de cada una de las especies, se hacen unos cálculos y se dan los valores en concentración, que es como se elaboran los aerosoles y otro tipo de estudios en la atmósfera.

Todo ello supone "un trabajo exagerado", relata Delia Fernández, quien lamenta que no se valore esta actividad porque "son horas y horas de microscopio". Durante el estudio no se miden parámetros concretos, sino que lo que se hace es identificar los distintos tipos de polen y las cantidades diarias registradas de cada uno de ellos. A partir de ahí es cuando se pueden obtener los índices temporales, algo que ya corresponde a los propios datos.

La aerobiología, que se encarga del estudio de los pólenes y hongos que se encuentran en el aire, tiene numerosas aplicaciones en campos de gran relevancia, aunque es en la salud humana en el que más se ha desarrollado, sobre todo porque es donde ha generado mayores dividendos. Sin embargo, también puede aplicarse en otras áreas como la agricultura, algo que desde la ULE sería posible desarrollar si se tiene en cuenta la amplia base de datos de la que se dispone, en especial de la provincia de León.

Falta de lluvias

Hasta el momento se han detectado niveles "muy altos" de polen en el caso de las cupresáceas, es decir, cipreses o arizónicas, entre otras, en todas las estaciones de Castilla y León y la gente ya está empezando a padecer los síntomas. Sin embargo, al hablar del resto de plantas es posible aludir a un cierto retraso y un escaso desarrollo, algo que se atribuye a la falta de lluvias en la Comunidad autónoma. También se han "disparado" las concentraciones en el caso del polen de chopo, que actualmente está en el aire aunque la población perciba los frutos en el mes de junio.

Casos particulares en Castilla y León

Es posible hablar de que la atmósfera en Castilla y León es "bastante homogénea" aunque siempre hay excepciones y se tienen localizadas varias zonas con una diversidad de especies muy grandes. Quizá el caso más llamativo es el de Arenas de San Pedro, en la provincia de Ávila, o el de Béjar, en Salamanca, dos ciudades que por la localización que tienen, no es que dispongan de mayores concentraciones de polen, pero sí de tipos polínicos diferentes.

"Son zonas que tienen un microclima donde se desarrollan más tipos de platas, además de que llegan influencias de otras partes", reconocen las investigadoras, porque puntualizan que las fronteras las determinamos las personas, pero el aire no las tiene. Por ello, son zonas con una mayor concentración de polen y, por ende, el problema de las alergias respiratorias también puede ser superior. En esta misma coyuntura podría situarse también otras ciudades de la Comunidad como son Miranda de Ebro, en Burgos e incluso Ponferrada, que también cuenta con un microclima "un poco especial".

Delia Fernández explica que se trabaja mucho con los médicos locales y también con la alergóloga Alicia Armentia para analizar cuál es la sintomatología, así como con laboratorios en los que sí se determinan características específicas de la Comunidad. En los últimos años se ha detectado en Castilla y León un incremento de la incidencia de la alergia al polen del olivo o de su familia, y en 2015 se localizaron unos picos "en un momento que aquí no había plantas de las familias del olivo en flor". Aunque se considera "una cosa puntual", los alergólogos advierten de que está aumetando la incidencia de las alergias al polen del olivo y de su familia y se registran y se registran "reacciones cruzadas" con los alérgenos.

Previsiones

Hablar de previsiones en esta materia resulta francamente difícil. ¿A qué espacio temporal se hace la previsión climatológica con cierta garantía? Así responden las investigadoras ante la pregunta de qué previsiones se tienen para esta primavera. Algo lógico si se tiene en cuenta que el desarrollo del tiempo se puede conocer con cierta garantía apenas unos días antes y es muy grande la relación entre ambos parámetros. "No es fácil hacer previsiones como no lo es la previsión meteorológica, porque además van muy ligadas", explican.

Y aunque sí hay modelos de previsiones, con el cambio climático y la meteorología de los últimos años, resulta especialmente complejo elaborar los modelos porque "se produce una variación enorme de año a año". Y si pensamos de Castilla y León, los augurios son aún más difíciles de realizar dada las particularidades geográficas que se registran en esta Comunidad. "Es muy difícil, porque para cada ciudad y para cada tipo de polen resulta diferente", añaden.

"En climatología se habla de periodos mínimos de 30 años para hacer unas previsiones con ciertas garantías, y en esto ocurre lo mismo, porque está totalmente ligado a la vida de las plantas, que dependen del ambiente, de la climatología…", explican desde la ULE. En todos estos años de estudio se han observado cambios en algunas especies de plantas, pero no en otras, además de que se han apreciado nuevos tipos de polen en el aire, lo que también permitiría determinar si en el aire existen plantas invasoras o plantas ornamentales nuevas.

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