carta de amor

Aún recuerdo

Que aquel primer día, ya tan lejano, se cruzaron curiosas nuestras miradas carnívoras pero temerosas. 

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Sospecho que luego nuestras sonrisas excéntricas se enamoraron sin remedio, sin decirnos nada, jugando al escondite. No mucho tiempo después nuestras bocas codiciosas de palabras deseadas se buscaron, una madrugada de disfraces en febrero que casi nos parecía prohibida, para atraparse casi con una ternura feroz.

Los años, esas inmorales bestias voladoras, se han deslizado como jinetes orientales al galope salvaje por nuestros rostros juveniles casi hasta borrarlos. Sí. Desde entonces, también hemos vivido tardes muy lluviosas. A veces, incluso, tormentas insaciables y de exagerados acantilados. Supongo que los recodos de la vida son amazonas fatales y anónimas que nos acechan sin descanso ni clemencia.

Pero sé que me voy a morir, tan dulcemente como me toque, sin olvidar jamás aquel primer día: tus ojos grandes y brillantes, tus labios grandes y rojos, tu piel morena y abrasadora dentro de aquel anorak rojo y la confusión de tu silencio y mi miedo cuando pronuncié tu nombre por primera vez. Tu sorpresa tatuó mi aliento con letras claras: ya sé que tú también me amas.

Nunca me prives de tus besos apasionados, mi amor, ni de tus ojos cálidos, ni de tus carcajadas de seda hermosa porque sin ti, la vida sería una hoja caída y seca arrullada por un viento tísico, aburrido y fatal.

 José Luis